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Número de Febrero de 2003
Por:
Jesús
Medrano
Bushbuck del Limpopo.
Grey Duiker.
Excelente Kúdu, el segundo cazado con el Remingnton Sendero 300 Win. Mg.
Orix Hembra 39", protagonista del relato.
Día de facocheros.

Raptor Safaris

DÍA 4. ABRIL 2002.

Llegamos a Johannesburgo en un cómodo viaje en Iberia. Allí nos esperaba Hardus, el profesional con el que estuvimos durante esos once días de Safari. Objetivo principal: el kúdu, un animal que llevo ansío en cada uno de los safaris que hago y que lamentablemente no he tenido la suerte de abatir, y el difícil bushbuck del Limpopo.

En unas cuatro horas llegamos a un bonito campamento de esos típicos africanos llamado "Phumba Safaris" en la zona de Ellisras. Realmente el nombre le viene al pelo, por la gran cantidad de facocheros que habitan por la zona. Nada más llegar conozco Venessa, la mujer de Hardus, una excelente cocinera.

Realizamos la clásica prueba de los rifles (remington Sendero calibre 300 Winchester Magnun y Express 375 HH, marca EGO) bajo la atenta mirada del profesional. Cenamos y a descansar.

DÍA 5

Salimos del campamento de buena mañana en dirección a Sentrum, zona de caza donde intentamos, sin éxito, la caza de kúdus y facocheros. Después de cuatro largas horas esperando en una charca, me arrepiento de no haber tirado una hembra de faco con un colmillo roto. Lo dicho, nos volvemos de "bolo". A cenar y a la cama.

DÍA 6

El peor sonido de todo el día: el del despertador a las 4.30 a.m. Media hora más tarde nos encontramos en la parte trasera del Toyota en dirección a Dartmor, en busca de uno de los animales más difíciles y apasionantes de cazar en África: el bushbuck del Limpopo. Me sorprende el tipo de caza que se practica en esta zona, caminando por las orillas del río en busca de este mítico animal, en lugar de aspostarse en una zona alta y a golpe de prismático encontrar en ansiado trofeo. En esta época la hierba está muy alta y tengo serias dudas de poder ver a los bushbucks antes de que ellos nos avisten., como demuestran los continuos "ladridos" que oímos. Pretendemos cambiar la estrategia y recechar un waterbuck. Lamentablemente los bufidos de un blue wildebeets acaban con nuestras intenciones.

De vuelta al Toyota, pero? sorpresa! las marchas se niegan a entrar. El líquido de embrague se ha perdido por la rotura de una junta. Sin embargo, en África hay remedios para todo. En esa finca había otro coche. Desmontan la pieza que el nuestro necesita, la colocan en este y todo listo. Así que nos dirigimos al campamento a desayunar.

Empiezan a preocuparme las pocas posibilidades de tiro debido a las condiciones del terreno ne esta época, con hojas por todas partes.

Llegado el mediodía, nos dirigimos de nuevo a la zona de Dartmon, donde, por fin, consigo mi primer faco, en una clásica espera junto a una charca. Seguimos esperando en ese lugar un pájaro aparentemente simpático llamado "go away". Su horrible "cántico" avisa o espanta a todo bicho que pretenda acercarse a la charca. No me había planteado la caza del "go away", pero dado que la tasa de abatidos era de cero? le mando un regalito de 180 grains de mi 300 Winchester y lo dejo mudo para siempre.

Terminamos la tarde con un resultado de 4 facocheros. Ya de vuelta en la parte trasera de nuestro vehículo, un brusco frenazo nos sorprende. Oigo la voz de ?shot shot (dispara, dispara). Inmediatamente me indican que tenemos una mamba negra en el lateral del coche ?cojo el Express y le atizo dos tiros. Doy fe de que no me baje para ver el "trofeo".

Al llegar al campamento, Venessa nos informa de que en la cocina había una serpiente. Pero ni rastro. Esa noche tocó revisión completa de la habitación antes de acostarse. Y más yo, que era la primera vez que veía una mamba negra en mi vida.

DÍA 7

Como todos los días a las 5 a.m. ya estamos subidos al todoterreno en dirección a Grysfontein. Esa mañana consigo cazar un bonito duiker con un tiro tipo montería, con el Express 375 HH, sin duda un calibre excesivo para este pequeño animal. Poco después consigo un excelente steenbuck, de un segundo tiro, ya que el primero aún siguen buscando hacia donde fue.

Lo más duro aún estaba por llegar. A unos 150 metros (reales, no de charla después de tres copas) vemos una orix. Me dicen que es un gran ejemplar (cosa que pudimos comprobar después: midió 39''). Decido tirarle con una "balita" Remington Soft point de 180 grains. El animal acusa el tiro y sale corriendo. Convencido de haberle acertado en un punto vital, nos dirigimos hacia el lugar al que se había dirigido. Vemos sangre con espuma e inmediatamente me advierten de que es un tiro en pleno pulmón. Seguimos las huellas y lo vemos levantarse a unos 100 metros de nosotros y de nuevo sale corriendo sin oportunidad para volver a disparar. Decidimos esperar unos 15 minutos ya que confiamos que el orix se tumbe y sea más fácil encontrarlo. Lo que no esperábamos es que nos fuese a llevar cinco largas horas. El calor era insoportable y el terreno muy abigarrado.

Por fin a 20 metros. Disparo y acabo con su sufrimiento. Vemos como el primer tiro estaba algo desviado y le había rozado efectivamente el pulmón, cosa que demuestra la tremenda resistencia de este animal.

Lo más impresionante de esta historia fue la actuación del pistero Terrison, autor material de la consecución de este magnífico trofeo. He conocido excelentes pisteros, sobre todo en Tanzania, tras los búfalos, pero Terrison supera todo lo que he visto. Una verdadera lección de eficacia.

En condiciones lastimosas de fatiga, regresamos al campamento. Después de una buena cena llegó lo mejor del día: la cama?

DÍA 8

Las cinco horas de marcha bajo un intenso calor y agua fría, me pasan factura. Me levanto con fiebre y con la garganta destrozada. Después de tomarme unos medicamentos, considero que no es un buen día para estar caminando. Buscamos una charca, donde consigo dos facocheros y la visión de una magnífico paisaje. Esa misma tarde abato cuatro facocheros más, dos de ellos excelentes.

DÍA 9

Hoy cazamos en los alrededores del campamento. Nada más salir consigo un excelente faco después de un buen rececho. Eran sólo las 6,00. El resto de la mañana la pasamos andando en busca del tan valioso y difícil de ver kúdu. En esta época del año es muy complicado acercarse a estos animales. El simple ruido que hacemos al caminar les ahuyenta. Además los árboles tienen un profundo follaje y no vemos más allá de cuarenta metros.

Llegamos a una charca donde apreciamos huellas de kúdus y decidimos esperar. Preparamos el puesto. Mientras aguardamos, una irreprimible atracción me lleva a tirar dos facocheros que pasan por la charca y adiós al kúdu.

Esa tarde probamos la caza de "gallinas de Guinea" con unas carabinas del 22. En treinta minutos cazamos ocho. Llegamos de noche y nos espera Venessa con una excelente cena. Ese mismo día, salimos de "ronda" y conseguí un excelente grey duiker.

DÍA 10

Volvemos a la zona de Dartmon, al Limpopo, en busca del bushbuck, que junto con el kúdu son los principales trofeos y motivos de este viaje.

Salimos más temprano, a las 4,30 y llegamos de noche a la zona de caza. Dejamos el Toyota y empezamos a caminar junto a la orilla del río. Delante va Terrison y Hardus, el profesional. Sigo sin entender esta forma de cazar en la que caminamos con una mínima visión, ya que el terreno en las orillas del río está completamente cerrado. Pienso que la única opción, aparte de la suerte, es localizar un bushbuck en la orilla de enfrente, es decir, en Bostwana, única visión de terreno válida que nos permitiría valorar convenientemente el trofeo y, por consiguiente, decidir si se le tira o no, con las lógicas limitaciones de no tener licencia para Bostwana.

De pronto Terrison nos señala en la orilla de enfrente un precioso bushbuck macho, que se encuentra a unos 80 metros, cosa que nos permite valorarlo y asegurar que es un buen trofeo. Miro al profesional con ojos de súplica, solicitando su consentimiento. Segundos después tengo al bushbusk en el visor de mi Remington. Disparo.

No hemos oído el impacto en el animal, aunque tenía la certeza de haberle alcanzado algún órgano vital. Sin embargo, no se movía. El profesional me advierte de que, en ocasiones, en el Limpopo ese tipo de ruido no se oye. Y, por supuesto, yo estoy dispuesto a creerme todo lo que me cuentan. Ahora hay que ir a recoger el trofeo al otro lado del río.

Terrison y Hardus buscan un paso y a los 15 minutos ya están en nuestra orilla con el precioso bushbuck del Limpopo, que estaba a 15 metros con un certero disparo en el codillo.

Es mi tercer trofeo de bushbusck, los otros los conseguí también en Sudáfrica, en el Eastern Cape. Estos eran más pequeños e incluso tenían la piel mucho más oscura.

Decidimos ir al campamento para quitar la piel del animal y tratarla convenientemente.

Descansamos un rato para realizar un nuevo esfuerzo en busca del kúdu. Nos hacemos acompañar de otro nativo para tener más oportunidades de ver a la pieza. Pronto lo vemos a lo lejos. Tenemos el aire muy mal y nos vemos obligados a dar un rodeo para iniciar el emocionante rececho. La zona es muy cerrada y apenas lo vemos aunque sabemos que tan solo está a cincuenta metros. Nos oye y sale corriendo, con la suerte de que en su carrera se mete en el único claro en el que lo vemos y puedo disparar. Por fin había logrado algo que me parecía realmente imposible.

Después de hacer las fotos se hizo de noche y fuimos al campamento dispuesto a cumplir mi promesa: afeitarme si abatía al kúdu. Concluimos las velada con un brindis de "Marula", un licor con crema.

Satisfecho por haber tenido una jornada completa en la que conseguí abatir ambos animales, me dije? así es la caza! Después de dos días de intensas lluvias que dejaron las carreteras anegadas, terminó el safari con otro magnífico kúdu y un resultado final muy abultado: 15 facos, 2 kúdus, 2 duiker, 1 steenbuck, 1 orix, 1 bushbuck, y encantado con los resultados de la Norma TXP de 180 grains.

Me gustaría agradecer a Hardus y Venessa sus esfuerzos y su calidad humana. Hicieron de estos once días de safari un recuerdo inolvidable.

Bodega Dehesa del Carrizal