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El zorzal es uno de estos animales que cada año suscita las ilusiones de todos aquellos que aguardan su llegada y la apertura de su veda. Se trata de un ave que, en busca de un clima algo menos frío, viaja hasta nuestro país para desplazarse después hasta el norte de África. El momento de tránsito es el que todos los apasionados a su caza anhelan.
Desde el mes de octubre comienza a verse el tordo, como algunos lo conocen, en sus constantes trasiegos para proseguir con su actividad diaria: un ciclo que consiste en buscar alimento en lugares alejados de los recios vientos invernales que azotan en el norte del viejo continente. El zorzal, que pertenece a la familia Turdidae, es una especie avícola que cada año escala más posiciones en los placeres de la actividad cinegética. Cada vez son más los cazadores que disfrutan de sus quiebros y volantines, y más los aficionados a su carne, que algunos catalogan de delicia gastronómica. Su caza supone un momento de alivio para los cazadores que han experimentado un declive en otras poblaciones objeto para la actividad cinegética, tales como el conejo o la tan "mareada perdiz" y su polémico descenso poblacional, así como la especie que sirve para iniciar a cazadores potenciales.
En batida, al salto, en mano y con "parany", son algunas de las modalidades que se emplean para la caza de zorzales, aunque es en puestos fijos la forma más habitual. La mañana a primeras horas y la tarde, son los momentos de mayor actividad, si bien es cierto que hay cazadores que permanecen en los puestos todo el día. En realidad la caza del zorzal es toda una incertidumbre en cuanto a los desplazamientos que efectúan, cosa que puede suponer el rotundo éxito de una jornada o su abrumador fracaso.
Son algunos elementos de tipo climatológico como los vientos y las temperaturas, los que, según los expertos, favorecen el día de caza. Situarse en los pasos es la tónica general para tirar zorzal, pero los resultados no son siempre los esperados. El carácter aleatorio de este animal en su actividad comportamental (con relación a sus movimientos para comer y su forma de volar), hace de ésta una muy valorada especie para los aficionados.
Durante muchos años esta ave se ha considerado como un recurso inagotable, ya que siempre se ha visto zorzal a lo largo y ancho de toda la península. Sin embargo, las últimas campañas han sido testigo de un descenso considerable.
Esta temporada se está dando una tónica generalizada de inactividad. Los zorzales comenzaron su entrada en octubre y desde ese momento se han visto por los campos españoles, aunque no en las mismas proporciones que años atrás. Los resultados no parecen demasiado halagüeños con relación a otras temporadas. La realidad es que hay determinadas comunidades que parecen no acusar demasiado esta inactividad. Los espacios de caza manchegos coinciden en la valoración de una temporada que no se puede catalogar de buena, sino de regular. Desde Urda, Consuegra, los zorzaleros aseguran que hay jornadas en las que todo se pone en contra y lo que puede parecer un buen día se convierte en la "víspera de nada", aunque sí "es verdad que no se está cazando como otros años". Las opiniones se disparan con respecto a esta especie, y unos creen que es el mes de noviembre, con la entrada del zorzal, el más propicio, ya que según avanza la temporada se tira mucho y por ello se rebajan las tiradas posteriores. Según José Antonio Rodríguez, propietario de una finca toledana, "entrar ha entrado mucho pájaro, pero yo me pregunto ¿dónde van?" Parece que las constantes lluvias que han caído meses atrás han afectado al "tordo", que "no es muy amigo de la humedad". En contra de esta opinión, se cree que el momento del cierre de la veda de menor es la más propicia para la caza del zorzal (en algunos lugares dura hasta el mes de marzo), ya que la presión es menor y hay mayor movimiento de los pájaros en su vuelta de la migración.
En el centro de la península las cosas no parecen estar cubriendo las necesidades de los cazadores. Juan Gala, propietario de un coto madrileño en la localidad de Chapinería, asegura que "se está dando muy mal". El zorzal se está dejando ver poco y la mayoría de los conocedores lo achacan a las temperaturas. Este invierno no está haciendo frío en exceso y ello condiciona la actividad de los pájaros, que duermen en cualquier lugar. Esta es una de las razones, según esgrimen los expertos, por las que el zorzal está mucho más disperso y es más difícil cogerlo.
Con las heladas de la noche, el animal tiende a refugiarse en los árboles más frondosos y los ejemplares se concentran en puntos más concretos. Por la mañana deben salir a buscar su alimento a los olivares. Es en estos pasos (cuando va a comer o cuando por la tarde regresa para sestear) en los que el cazador debe esperar para tirar al zorzal. "Sin embargo se ven pocos esta temporada", tal y como nos cuentan desde Madrid para Caza y Safaris. "Con estas temperaturas que ha venido haciendo se pueden coger "en mano", pero sólo cazas cuatro y te das la paliza caminando", asegura Juan Galán.
Con la ola de frío que vivimos el pasado mes de enero, se esperaba una mejora. Lo importante es que haya heladas nocturnas para que el zorzal se refugie en el monte y después tenga que salir a buscar el alimento porque "cuando hace frío el animal se mueve más y entran mejor".
Y es que, como dice el refrán, cada "maestrillo tiene su librillo" y hay quien opina que existe una enorme presión sobre el zorzal, que se tira desde mediados de octubre y por ello hay poco que hacer a lo largo de la temporada. Javier Tomás, propietario de fincas en Toledo, cree que se debería legislar una actividad que cada vez tiene más aficionados y que "se practica a lo largo de los meses de forma algo descontrolada". "La caza del zorzal es muy desigual, hay quien podrá tener un buen día y hay quien sale varios y no coge nada, de modo que una opinión generalizada parece difícil de encontrar".
"Lo que está claro es que haber, hay, pero la temporada no se está dando como en campañas anteriores". Al menos es lo que está ocurriendo en la zona de Levante y Andalucía, según Raúl Vázquez, de Cotos y Cacerías. El comportamiento de esta ave es difícil de predecir y cada uno puede tener experiencias diferentes según el lugar o el día. "Se trata de una especie que se comporta de forma diferente cada año, de modo que no se sabe como va a actuar ya que posee costumbres cíclicas" afirma Raúl, quien considera que la temporada hábil está mal vedada, ya que "marzo está lleno de zorzal cuando hace meses que la veda se cerró. Sin embargo en octubre no hay casi nada". Donde hay patrón, ya se sabe?
Y por el norte la cosa no pinta demasiado boyante. Javier Campillo, nos relata desde Lérida que el zorzal está siendo esta campaña una absoluta debacle. El norte de España es una de las zonas obligadas de paso en los movimientos migratorios del zorzal, sin embargo "no se sabe dónde se han metido esta temporada", asevera Javier. Él mismo dice que otra especie, el pinzón, que sirven de "teloneros" a la entrada del zorzal, no se han dejado ver, de modo que "la cosa está fatal. Si el año pasado se tiraban 400, este año se llevan sólo 15 en la percha".
Los conocedores de esta especie coinciden en dos cuestiones: el "alirrojo", que como bien conocen los cazadores es una variante de zorzal que proporciona buenos momentos, ya que vuela en bandos e incluso, a veces, de un tiro puede caer más de uno, apenas si se está viendo esta temporada. La otra cuestión es la de las temperaturas. Este invierno no está siendo demasiado crudo y esto afecta a la movilidad de la especie, que no tiene que desplazarse para buscar el alimento. Y por supuesto, si el invierno no es recio en los lugares de los que el zorzal procede, no tiene ninguna necesidad de migrar para buscar otro clima.
A la vista de los comentarios de la gente del campo, el zorzal se presenta como una especie fantasma que parece haber desaparecido de zonas que hace años frecuentaba. Unas veces se ven grandes grupos y por la tarde han desaparecido. Se barajan varias posibilidades acerca de la declinación de esta ave, que en muchos casos se atribuye a una excesiva presión cinegética. No hay quien no hace mención a esa templanza climatológica, y tampoco faltan comentarios como la expansión agrícola de los países del Este (que emplean químicos que acaban con el zorzal) así como la opinión que hace referencia a las inundaciones que sufrieron el año pasado los países de los que el zorzal procede. En definitiva, un nudo de recelo que viene determinado por su ausencia.
La espera del verdadero helor del invierno está suponiendo un inquietante estado a la espera de que el último viajero surque los cielos como otros años. Esperemos que lo que resta de temporada, en los lugares en que aun se puede cazar, se vean favorecidos por la inclemencia de los hielos de la madrugada.
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